Un paso como el que he dado significó arrojar un dado cargado al infortunio, pero un infortunio quizas misterioso. Pero el paso siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente significaron enterrarme 34 veces en ese misterioso infortunio que se tradujo en llantos. Fueron llantos desconsolados, llenos de pasado y bañados de presente, el futuro no estaba invitado. Paseos en llamas que no hacían mella en un corazon duro, incólume, preso de una decisión desafortunada, una firma a un contrato empapado en caca, mas mis narices olían campo y praderas.
Es un chiste, uno asqueroso
creo conocer la respuesta a este sentir morboso,

me cuesta asumir mi ceguera a lo hermoso
y mi profunda visión a lo penoso.
Hey! Lo intentaré... y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví, y volví en cada paso que dí, con optimismo, sereno en apariencia pero eufórico bajo la piel. Tan predecible como la muerte de todos fue el desconsuelo de saber que cualquier intento más sería inutil. Y me comía la rabia, pues mis narices seguían oliendo campo y praderas.
Que mierda, las huellas quedan
Vuelvo al filo de la torre, espero no me vean
Ruego un ultimo golpe de los que me encadenan
Golpear el concreto y ser polvo de los que me odian.
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