Una distorsión mental tan terapeutica, es tanto como despedazar mi estómago capa por capa y gritar de placer viendo cada puñado de carne bañado en sangre. Uno por uno, cada sentimiento desgarrandolo hasta dejar mi alma en blanco, pero es imposible, ya estaría condenado a un eterno crepúsculo, escribiendo sollozos de lamentos perdidos, lamentos de perros ciegos...
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