Al llenar el vaso de la despensa, lo alejo,
pues veo lo que desprecio en su reflejo
tan tenue como un beso de su alegría
cuando la veo radiante en la lejanía.
Aquel vaso no cede, y me envuelve lentamente
en temores de desilusión y tristeza,
aquella que esta lejos de mi fortaleza
que el amor me entregó solemnemente,
mas esa fuerza y valor es solo mi persona
entregada a ella, volcado a un corazón
para sentir el bello placer de sonreír sin razón
ni lugar a más extraños ni más desazón.
Mi desprecio crece y el vaso se llena de tibio,
uno que anula mi acción a esperar explicación
a un precipicio de sentencias y juicios de una visión,
esperando condenadamente una brisa de alivio
veo desfilar los pedazos de un corazón ajeno
acuso el dolor solo al escuchar el sollozo,
un grito banal que muestra en mi rostro el esbozo
de un hombre corcovado, tibio, sereno,
voz rasposa y decadente, de amarga derrota
que no quiere rencillas ni intenta desafiar
la afrenta, solo voltea la mirada y la de su amada,
solo quiere que ella duerma y no viva desvelada
de la necedad, quiero sonreír y mirar
el otro cariz de la hoja, volver a respirar.
Soy yo y parece que no es suficiente,
pues me veo opaco, solapado
a la condena de mi gesto y palabra
y a la del trago de vino quebrado
del vaso que reflejó mi vergüenza
de dar los pasos que doy.
sábado, 18 de agosto de 2012
viernes, 13 de enero de 2012
Regreso
Son los pies que avanzan hacia el comienzo
o retroceden hacia un final
de un cuento de sinsabor, normal,
un despegue al fondo de lo que pienso.
Valorar la tristeza de un incienso
en el sueño equivocado, desbocado,
invita a una reunión con un desvelado
revelado contra su reinante monotonía,
lucha que termina extraviando la sintonía,
de una mente embriagada de emoción.
¡Revive, hombre sin llama ni religión!
El peso de tus palabras tienen la sensación
de corroer tu frágil y tendido corazón.
El peso de pensar tu vida tiene la sensación
de colapsar tus venas de vacío y tensión.
El peso de estar aquí matando la pasión
tiene la sensación de perder el regreso
de una embriagada emoción
o retroceden hacia un final
de un cuento de sinsabor, normal,
un despegue al fondo de lo que pienso.
Valorar la tristeza de un incienso
en el sueño equivocado, desbocado,
invita a una reunión con un desvelado
revelado contra su reinante monotonía,
lucha que termina extraviando la sintonía,
de una mente embriagada de emoción.
¡Revive, hombre sin llama ni religión!
El peso de tus palabras tienen la sensación
de corroer tu frágil y tendido corazón.
El peso de pensar tu vida tiene la sensación
de colapsar tus venas de vacío y tensión.
El peso de estar aquí matando la pasión
tiene la sensación de perder el regreso
de una embriagada emoción
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