En la trastienda de mi lánguido rostro
se cobija la vergüenza y el desamparo,
la retórica del animal, dícese maestro.
Mi corazón y alma no admiten separo.
Largo tranco mundano, oídos censurados
boca floja y vanidad de idílio mongólico
fue el trazo de cuatro años ciertamente acompañados
más mi órbita eternizaba lo habitual y bucólico.
La trastienda ha acabado sin caretas
vergüenza ahora es no verme en el espejo
aun así huelo el pasado de tristes muletas
y la imagen me condena con trágico reflejo.
martes, 24 de noviembre de 2009
domingo, 15 de noviembre de 2009
Escena
El recuerdo se presenta en cintas vetustas,
profundo silencio y susurros mágicos,
se confunden con ladridos secos y motoresde frialdad ciega y sonidos enérgicos.
Es la escena repetida en ténue lluviade rostros pálidos e inflamados labios
y mis ojos de fuego incandescenteruegan su alma de pétalos sabios.
Es cada unión corpórea que rogabamigajas de pan atadaos a su historia,
es mi mano despejando su mirada esquivala escena no huirá jamás de mi memoria.
Hállame recostado con las películas y rollosenvueltas en dedos negros de vehemencia,
escribiendo lamentos y rasgando frustraciones,decorando mi rostro de humo y sentencia.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Jorge Tellier - Cuando yo no era poeta
Cuando yo no era poeta
por broma dije que lo era.
Yo no había escrito ningun verso
pero admiraba el sombrero alón
del poeta del pueblo.
Una mañana me encontré en la calle con mi vecina.
Ella me preguntó si de verdad era poeta.
Ella tenía catorce años.
Esa vez llevaba un ramo de ilusiones.
Despues una anémona en el pelo.
La tercera vez un gladiolo entre los labios.
La cuarta vez no llevaba ninguna flor,
yo le pregunte el significado de eso a las flores de la plaza
que no supieron responderme.
Ella había traducido para mí poemas de Ferdinand von Saar.
Yo no le dí nada a cambio.
No quería desprenderme ni de una hoja de cuaderno.
Sus ojos disparaban balas de amor calibre 44.
Eso me daba insomnio.
Me encerré mucho tiempo en mi pieza.
Cuando salí la halle en la plaza y no me saludo.
Volví a mi casa y escribí mi primer poema.
por broma dije que lo era.
Yo no había escrito ningun verso
pero admiraba el sombrero alón
del poeta del pueblo.
Una mañana me encontré en la calle con mi vecina.
Ella me preguntó si de verdad era poeta.
Ella tenía catorce años.
Esa vez llevaba un ramo de ilusiones.
Despues una anémona en el pelo.
La tercera vez un gladiolo entre los labios.
La cuarta vez no llevaba ninguna flor,
yo le pregunte el significado de eso a las flores de la plaza
que no supieron responderme.
Ella había traducido para mí poemas de Ferdinand von Saar.
Yo no le dí nada a cambio.
No quería desprenderme ni de una hoja de cuaderno.
Sus ojos disparaban balas de amor calibre 44.
Eso me daba insomnio.
Me encerré mucho tiempo en mi pieza.
Cuando salí la halle en la plaza y no me saludo.
Volví a mi casa y escribí mi primer poema.
lunes, 2 de noviembre de 2009
domingo, 1 de noviembre de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
