jueves, 18 de febrero de 2010

Soy de una raza de dudosa procedencia, de sentimientos, en ocasiones, inconexos e incoherentes. De pensamientos oscilantes, que prefieren ser testigos del rodar de una rueda a la verdad de un amigo. De palabras absurdas que creen tener certeza pura y no saben que el argumento viene de bocas ajenas y no auténticas. De miradas esquivas y de firmeza aparente, que observa el mundo de un altar de vigas delgadas que una y otra vez construyo por todas las veces en que caí a los pies del mundo que me encerró en mi mismo, más de lo que estoy.
Soy de una raza la cual asume la culpa sin asco ni temor, pero que no acusa ni juzga con escandalo arbitrario al semejante. Soy de esos que a veces hablan solos en cualquier lugar y piensa que dos o tres personas lo rodean asentando con la cabeza cada palabra que menciono, del que ríe al unísono de mis imaginarios, y llora pensando en que ellos no saben lo que me sucede. Me acuso como una víctima de la crueldad rosada, de la mala fortuna insignificante, de la adversidad inverosímil. Me acuso como un hombre de cartón que siente por los demás, pero que no ve el reflejo en los ojos ajenos. Pienso recorriendo las cabezas de mi entorno y no veo que alguna mirada se pose sobre la mía con la necesidad que a veces ruego, como un náufrago a una luz lejana.
Soy de una raza heredera de la televisión embrutecedora que encasilla mi cerebro a conductas ilógicas y risas condecendientes, de acciones rutinarias, de consumismo que consume. Heredera de la revelación de una juventud condenada en un yugo intransigente, que se impuso a esa injusticia patente para hacerse un nombre y comienzo de una nueva realidad, y heredera de la inconstancia y ligereza que significaba la responsabilidad de las acciones. Soy de los que observan todo eso y son parte del circo universal.
Soy de los que se lavan la cara y quedan tan ajados como despues de un sueño turbio. De los que se visten pensando en que cada prenda genere un cambio en el entorno, de los que caminan sin importarle lo que la gente piense de mí, sin embargo, me acusa mi empatía exacerbada y el miedo de la risa a mi estupidez... como si ellos no lo fueran.
Ese soy yo, el que nunca imaginó desnudarse de esta manera, pero que a la ves se viste con las ropas de la certeza y la libertad. El que sintió escalofríos con cada palabra emanada, sin embargo, disfruta de las lágrimas de lo que significa retratar su rostro en las mismas.
Soy un ser humano, y este es otro pequeño paso... hacia mi libertad personal.

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