Los perros ladran mi llegada
y no los puedo persuadir
cuando cargo el negro en mi pecho
y no lo dejo huír.
Las voces son filosas
y disparan el filo en mi mente,
pero solo golpean olas
no hay rocas para detener.
Le hablo a mis dibujos, no es mi culpa.
Le ruego a mi palabras, no es mi mente.
Bendito testimonio abre mis pulmones
y libera mi fuerza
para abrazar su huella.
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