Es ese preciso momento
en que observo y explota la sangre,
tan fuerte cual eterna hambre
del privado de pena y lamento,
marcha mi versículo de mi credo.
Con ígnea y brutal parsimonia
inclino mi cabeza en ceremonia
mas mi corazón fácil no entrego...
Es ese preciso momento
en que siento la fiebre animal
erizando mis huesos, clara señal
de seducción furiosa, lo siento.
Preciso de un golpe de realidad
evitar complacer sediento capricho,
mar de ciudad, verdadero nicho
de lo equivocado, quizás crueldad.
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