Azul, amarga y triste oleada
marcó su vida abandonada.
Lluvia sonora complace por nada
su ruta errante y apasionada.
Otrora amigo del buen beber
solo con agua del cielo quiso arder
en flamas de sollozos sin morder
sus labios sedientos de placer.
Volver a casa, ni siquiera pensado.
Negras nubes poseían su mirar cansado;
plegarias y maldiciones al maldito pasado
de rodillas en la tierra. Destino condenado.
Ahora el negro flamea soberano
en sus ojos anónimos. El pantano
de su sangre, nido del gusano
que vivió tristeza, que vivió solo... y en vano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario