viernes, 26 de junio de 2009

Mi rostro se derrite ante la presencia de sombras ácidas acariciando mis pensamientos de niño perturbado. Un minuto de silencio mental

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y me opongo a la pared, buscando el frio alivio de una mañana noruega, los otros niños disfrutan su universo de colores. Me decaigo, lentamente entono la melodía de mi nueva muerte, mi visita al sueño ajeno, mi llegada al recuerdo amargo y me dedico a deambular. Cada rincón me parece conocido, cada recodo, cada vereda... pero la luz no está, me ilumina algo que no es destello. Me encandilan las sombras, esas sombras ácidas nuevamente acariciando mis pensamientos de niño perturbado. Me absorbe y caigo en otro agujero, me deposito en un hoyo, en una trampa...

1 comentario:

  1. de lo que muchas veces hemos hablado

    "Mi rostro se derrite ante la presencia de sombras ácidas acariciando mis pensamientos de niño perturbado. Un minuto de silencio mental"

    qué manera de expresarlo Milo...
    muy bien! (dijo la profe xD)

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