En frente de mi taza
el vapor se agrietaba
y la miraba.
Giraba la cuchara
para alegrar mi beber,
y la miraba.
Solo ella me miraba
pero sentí serias miradas
y me miraba.
En aquel momento
margaritas soñé cubrir
y el cielo descubrir
con mis manos desarraigar
esos inviernos solapados,
recostarnos para flotar
y nunca más corazones nublados.
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