Entró el Diablo en mi boharda
ansiando hacerme contender,
y, ducho en gramática parda,
me dijo: "Quiero conocer,
"de entre el montón de bellas cosas
"donde derramas tus caricias
"de azabache o de las rosas
"que hacen su cuerpo y tus delicias,
"¿qué te es más dulce?" Sin examen
le respondí al Aborrecido:
"Pues todo en ella me es dictamen,
"nada ha de serme preferido".
Cuando me encanta todo, ignoro
qué cosa aislada me desvela;
ella es atroz como un sol de oro,
como una noche, ella consuela.
Y en la magnífica armonía
de todos sus miembros concordes,
ningún análisis podría
ir anotando sus acordes.
¡Oh, místico deslumbramiento
que todo mi ser asume!
Me hace la música su aliento,
como su voz me hace el perfume.
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