sábado, 18 de agosto de 2012

Reflejo

Al llenar el vaso de la despensa, lo alejo,
pues veo lo que desprecio en su reflejo
tan tenue como un beso de su alegría
cuando la veo radiante en la lejanía.
Aquel vaso no cede, y me envuelve lentamente
en temores de desilusión y tristeza,
aquella que esta lejos de mi fortaleza
que el amor me entregó solemnemente,
mas esa fuerza y valor es solo mi persona
entregada a ella, volcado a un corazón
para sentir el bello placer de sonreír sin razón
ni lugar a más extraños ni más desazón.

Mi desprecio crece y el vaso se llena de tibio,
uno que anula mi acción a esperar explicación
a un precipicio de sentencias y juicios de una visión,
esperando condenadamente una brisa de alivio
veo desfilar los pedazos de un corazón ajeno
acuso el dolor solo al escuchar el sollozo,
un grito banal que muestra en mi rostro el esbozo
de un hombre corcovado, tibio, sereno,
voz rasposa y decadente, de amarga derrota
que no quiere rencillas ni intenta desafiar
la afrenta, solo voltea la mirada y la de su amada,
solo quiere que ella duerma y no viva desvelada
de la necedad, quiero sonreír y mirar
el otro cariz de la hoja, volver a respirar.

Soy yo y parece que no es suficiente,
pues me veo opaco, solapado
a la condena de mi gesto y palabra
y a la del trago de vino quebrado
del vaso que reflejó mi vergüenza
de dar los pasos que doy.

No hay comentarios:

Publicar un comentario